Interiores Corporativos: REFLEXIONES VARIAS SOBRE LA EVOLUCIÓN DEL DISEÑO DE OFICINAS EN EL MUNDO

Los referentes populares del diseño interior de oficinas en las últimas décadas se polarizan entre las que atentan flagrantemente contra el ego del oficinista (caricaturizadas en el mundo satírico de Dilbert) o las que lo alimentan de forma desmedida (como los repositorios de whisky y cigarros que son las oficinas en Mad Men). Y es que el imaginario colectivo suele celebrar estos dos estereotipos antitéticos de oficinista: el de los oprimidos (virtuosos o mediocres) y el de los opresores (orgullosos o sádicos). En otras palabras, están quienes odian a sus oficinas, y quienes llevan a otros a odiarlas.

La satirización de la oficina, como mise en scène de la opresión, se inspira en el cubículo modular, ese ícono de la vida corporativa que revolucionó el mercado en 1967, lanzado por la marca pionera de mobiliario Herman Miller. Si bien a este producto suele ridiculizárselo por su implícita estandarización y composición monótona, hay que recordar que este representó, en su momento, un gran avance frente a la mesa lineal de trabajo (al estilo de las líneas de ensamblaje industriales). Lejos de inhibir la individualidad de sus primeros ocupantes, la reforzaba al dotarlos de privacidad, aislamiento acústico (del castañeteo furioso de las máquinas de escribir), y con la capacidad de personalizar su espacio y adaptarlo a futuros usos.

Robert Propst, el inventor del cubículo y precursor de la ergonomía en los ambientes de trabajo, lo bautiza como “Action Office” por el dinamismo que introduce a la vida corporativa. Sus cubículos eran muebles muy flexibles, de simple modificación por el usuario y diseñados para facilitar el crecimiento orgánico de cualquier empresa ante la revolución tecnológica que ya se vislumbraba en los sesenta. Tristemente, fue también testigo de la degeneración de su invento de sesgo humanista, al que se malentendió desde un inicio como una mera solución para encajar un alto número de oficinistas en un espacio reducido de forma rápida y económica. Los cubículos se volvieron sinónimo de alta densidad y homogeneización, al punto que llegó a vendérselos en six-packs, como latas de cerveza.

 Serie Mad Men (2007-2015)

En la década de los ochenta, al cubículo ya se lo reconocía popularmente como una inevitabilidad de la vida de oficina. El colapso financiero de las bolsas de valores de 1987 (el infame Black Monday) condujo al recorte global de personal en las grandes corporaciones (dando pie a la institucionalización del downsizing) e invitó a que los empresarios más inescrupulosos pensaran en la oficina como un espacio al que sangrar. Apenas un año y medio después, en 1989, Scott Adams inicia la publicación sindicada del comic strip Dilbert.

§ Así como la subversión del manierismo siguió inmediatamente a la Contrarreforma, la reacción ante la crisis del cubículo se expresó, de forma sistemática e implacable, en burla. Los noventa lanzaron a la fama a Dilbert, la primera década de los dos mil tuvo a las series televisivas de The Office (primero en Inglaterra, luego en los EE.UU.), y la década actual celebra la divulgación de chanzas entre oficinistas -los office pranks- en YouTube. La Internet es hoy un cofre de videos sobre la vida de oficina, amoblada con cubículos completamente recubiertos en Post-Its (el material más popular), papel de embalaje, papel aluminio, papel de regalo de Hello Kitty, posters de One Direction, Cheetos y hasta mayólicas de baño (con lavatorio incluido).

Encuentro que la popularización del cubículo opresor (vis-à-vis el cubículo liberador que concibiera Propst) es un episodio más en la evolución cíclica de críticas, parodias y romances en torno a los espacios colectivos de trabajo. De la misma forma en que un cierto romanticismo se inspiró en las vidas frustradas del proletariado fabril (pensemos en Fantine, de Les Misérables), para sublimarse en el Bartleby de Melville y en la pesadilla asalariada de Kafka, hasta llegar al destilado allenesco del oficinista hacinado (Dilbert); especulo que en aproximadamente en una década veremos a las oficinas modernas en planta libre o al trabajo desde casa como fuentes de descontento generacional.

Como antagonista principal del cubículo, encarnando al partido opresor, evocamos la oficina de gerencia, que se mantiene más o menos constante desde mediados del siglo diecinueve, cuando se la situaba directamente frente a los trabajadores para recordarles en todo momento que estaban siendo observados. El Hawthorne Effect, un fenómeno encontrado en la medición de productividad industrial, mostraba (si es que de forma debatible) que tanto la observación directa, así como la sensación de que uno estaba siendo observado, influían positivamente en la productividad del trabajador. De ahí que la ubicación por excelencia de la oficina del supervisor de la planta fuera frente –y sobre– la cadena de ensamblaje, y el de la oficina vidriada de gerencia sea frente al pool de cubículos. La oficina de gerencia representa simbólicamente la exuberancia que el cubículo trató en su momento de optimizar: cuenta con privacidad, aunque no la requiera; es de gran tamaño, aunque esté vacía; derrocha luz natural, aunque esto se traduzca en luz indirecta para el resto de la planta. La oficina de gerencia no sólo representa una distinción jerárquica, sino un revés conceptual del cubículo: mientras que éste representa la máxima economía de recursos, el otro entalla su exceso.

Despacho de Adolf Hitler en la Cancillería del Tercer Reich (1939)

§ Pese, o quizás a causa de, la tacha del nazismo, el despacho de Hitler sigue siendo un ejemplo señero del exceso espacial en una oficina. Ubicado en la nueva Cancillería del Tercer Reich que fuera diseñada por el arquitecto del régimen, Albert Speer, cuenta con proporciones deliberadamente exageradas (incluyendo un largo y tenso recorrido entre la puerta de ingreso y el escritorio mismo) y es la hipertrofia de la oficina de gerencia, tal como la oficina de Dilbert lo es del cubículo.

Las tendencias modernas de diseño de oficina le dan un giro radical a esta dicotomía espacial: en vez de acentuar la diferencia entre ambos entornos de trabajo, busca diluir la línea entre los dos extremos, en el supuesto (o la esperanza) de que sentar a Hitler junto a Fantine resultará en una mejor cultura y comunicaciones corporativas, y en la mayor productividad de su empresa. Junto con la arquitectura en “planta libre” (de pocos muros y mucha flexibilidad), el uso de escritorios rotativos permanentes (no sólo para personal de campo) y el fomento del trabajo desde casa, la presunta paridad entre otrora opresores y oprimidos es parte innegable de la evolución del diseño de interiores corporativos de la última década. Más que una moda (como lo fue el Feng Shui en su rápido paso por Lima), se trata de una manifestación cultural que representa los valores democráticos de igualdad de derechos y justicia social del siglo XXI.

Dado el ritmo de cambio exponencial de nuestros hábitos de vida y trabajo, ¿cuál sería el siguiente paso evolutivo en el diseño de oficinas? El viento sopla en dirección de las ya emblemáticas oficinas de Google, conocidas por sus ambientes y mobiliario lúdicos al límite de lo infantil, tobogán incluido. Habiéndose establecido una horizontalidad entre los estamentos de una pirámide corporativa, el reto que este modelo nuevo de oficinas acomete es la eliminación del borde que separa al trabajo del juego. La conjugación de los dos le daría un fin definitivo a los arquetipos de espacios de opresión y espacios para oprimir, permitiendo una síntesis donde ir a la oficina no se haría tanto por obligación, como con placer. Muchas oficinas jóvenes y occidentales de rubros tecnológicos bandera ya han adoptado esta tipología (Skype, Dropbox, etc.), pero, ¿encontrará esta corriente la aceptación de empresas de otros tipos, o de culturas más tradicionales/menos liberales? Aún es pronto para determinar si se trata de una revolución global –como lo fue la del cubículo—, aunque es un movimiento demasiado notorio para no considerarlo ya un capítulo en la evolución de las tipologías del diseño de oficinas.

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